
Comprar una vivienda en España exige hoy un esfuerzo económico muy superior al de hace cuatro décadas y mucho mayor que el que afrontan las familias de los países de la zona euro. Los últimos datos del Banco de España, elaborados a partir de indicadores de la OCDE, sitúan al país como el caso más extremo del entorno europeo del que hay datos.
Desde 1980, el porcentaje de los ingresos brutos que debería destinar un hogar para adquirir una casa —en la actualidad, aproximadamente un 40%— se ha incrementado un 88,6%, frente al 10% de subida registrado de media en los países de la moneda única. Es decir, multiplica por nueve el aumento general de la región.
Detrás de esa diferencia hay una combinación de varios factores: una oferta de vivienda que no consigue seguir el ritmo de la demanda, un mercado del suelo con fuertes rigideces, cambios demográficos y un contexto financiero que durante años permitió absorber el aumento de los precios, pero que ya no existe. El resultado es una emergencia residencial bien conocida por toda la población.
Por dar algunas cifras: el 11% de las nuevas hipotecas concedidas en 2025 sobrepasaban el límite de riesgo fijado en el 35% (la tasa es mayor en el mercado del alquiler, donde el 32,5% de los inquilinos sobrepasa el límite recomendado). Y aunque el resto se mantenga por debajo de este indicador, el hecho es que comprar una casa en la actualidad exige de media casi siete años de la renta neta familiar para aquellos hogares no propietarios, una cifra que escala a 10 años en ciudades como Madrid o Málaga.
La comparación con otros grandes países europeos brinda una buena fotografía de la dimensión del problema. Mientras en España el esfuerzo para acceder a una casa no ha dejado de aumentar desde los años noventa, en economías como Alemania o Italia la accesibilidad incluso ha mejorado y, en la actualidad, el porcentaje de renta que deben dedicar estos hogares es entre un 20% y un 40% menor que en 1980 gracias a que sus ingresos han crecido a un mayor ritmo que el precio de los inmuebles. Esta mejora relativa no impide, en cualquier caso, que la tensión sobre los precios sea hoy un fenómeno extendido por toda Europa.
FUENTE: EL PAÍS.- 14 de septiembre de 2026.